lunes, 15 de octubre de 2018

Pepín Corripio y las presiones del poder


  • POR NELSON ENCARNACION 

  • Hace unos días el nombre del empresario José Luis Corripio Estrada fue objeto de un intenso zarandeo con ocasión del cambio de día de un programa que se difunde en uno de los canales que forman parte del amplio 
Sin embargo, voy a relatar un episodio del cual fui el protagonista principal y que ilustra, de alguna manera, lo que considero una conducta blindada a las presiones del poder que ha caracterizado al distinguido empresario.
Pocos días después de la formación del Frente Patriótico que en 1996 unificó las fuerzas de Joaquín Balaguer y las de Juan Bosch en apoyo a la candidatura de Leonel Fernández, surgió al interior del Partido Reformista Social Cristiano una mini rebelión tendente a restar el impacto electoral de ese esfuerzo de cara al balotaje del 30 de junio de ese año.

En mí modesta condición de la principal pluma de la crónica política de ese momento en El Nacional, el diario publicó la información de que se gestaba un juicio disciplinario contra Jacinto Peynado con fines de expulsión del PRSC por contravenir la línea del doctor Balaguer.
La información salió en la edición dominical de El Nacional, y ese mismo día el presidente Balaguer montó en cólera y llamó a Pepín Corripio para increparle por la publicación que provocó un terremoto político esa misma mañana.
“Esa es una bajeza política que no puede quedar impune”, le protestó Balaguer a Pepín Corripio.
En lo que a mí concierne fue un domingo para la historia. Temprano en la mañana—quizá poco después de las 8:00 de la mañana, casi terminado de levantar—recibí una llamada de Radhamés Gómez Pepín, director del periódico, para que acudiera urgente a una reunión, sin insinuar siquiera el motivo.
Al llegar noté que Radhamés no estaba en su oficina. Me dirigí a Hoy donde quedé en shock al encontrar reunidos a Pepín Corripio, Radhamés, Mario Álvarez Dugan, director de Hoy, y Miguel Ángel Velázquez Mainardi, ejecutivo de ambos diarios.
¿Y este Politburó?, pregunté desde la puerta, con más miedo que todo lo demás. “Echa para acá”, fue la respuesta de Radhamés.
¿Qué hice ahora?, volví a preguntar.
A partir de ahí se inició un interrogatorio dirigido a indagar la autenticidad de la fuente de información, a lo cual accedí con la condición de que se preservara su identidad. Todos estuvieron de acuerdo.
Expliqué que incluso se me había mostrado el borrador de la sentencia que dictaría el tribunal disciplinario del PRSC contra Peynado y varios de los reacios a endosar el Frente Patriótico, coalición electoral que de todos modos salió victoriosa en el único balotaje que ha habido en la República Dominicana.
Una vez revelado el origen de la información, Radhamés soltó una de sus palabrotas habituales y remachó con un sonoro “yo creo en Nelson Encarnación”, a cuya expresión se sumaron Pepín, Cuchito y Velázquez.
Al día siguiente en Hoy como en El Nacional se publicaría la reacción del doctor Balaguer y yo continué en mis funciones tanto de analista de temas políticos como columnista.
Lo narrado aquí, de cuyos cinco protagonistas quedamos vivos don Pepín y un servidor, no tiene intenciones de sacarle castañas del fuego a nadie, ni al Gobierno ni del empresario. Lo que busca resaltar es el hecho de que, al menos en lo que respecta a mí experiencia, Pepín Corripio ha demostrado no aceptar presiones del poder.
Y conste que estamos hablando del gobernante dominicano más temido de los últimos tiempos, cuyos juegos no eran precisamente de niños cantores.

 
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