lunes, 14 de marzo de 2016

Quitemos la armadura que nos impide alcanzar la felicidad

 Por Emilia Santos Frías


Aprovechando la lluvia de tarde en domingo, comencé a releer “El Caballero de la Armadura Oxidada”, de Robert Fisher, 13 años después, de nuestro primer encuentro; gracias al alumno de secundaria, a quién entiendo, las clases impartidas de Literatura, en el colegio Cristóbal Colón, aportaron de alguna forma. El me obsequió esta importante obra.


Debido a la interrupción del clima, en mi plan de domingo, un día  que inició hermoso, con radiante sol; y yo pensaba reencontrarme con verdor, por tierra del Cibao. Hacer en familia un  día de cara al sol, bañada en agua dulce; me dejé invadir por la buena música y lectura, teniendo de fondo la inesperada lluvia, que copó toda la tarde y noche.

Mientras escuchaba extasiada, boleros de cantantes tan heterogéneos como  Félix De Oleo, Gilberto Santa Rosa, Ricardo Montaner e Il Volo; degustaba este sustancial libro.

Algunas de sus enseñanzas de este trascendente libro, para obtener felicidad, las quiero compartir mediante estas líneas: los problemas son una oportunidad para criticarnos. Todos y todas alguna vez hemos llevado armadura; esa que nos atrapa; que es necesario encontrar; identificarla, para sacar de ella nuestro yo verdadero.

Perdemos tiempo hablando de lo que hicimos y hacemos, pero no disfrutamos lo que forjamos en el momento, cuando debemos dejar que en nosotros ojos brille el amor y la compasión. Esa es una armadura.

Por eso, es prudente, dejar de poner armadura entre nuestro yo y nuestros pensamientos. No tenemos que demostrar nada, somos seres amorosos. Por tanto, es necesario dejar que nuestra mirada refleje amabilidad, compasión, amor, inteligencia y generosidad.

Para ello, todas y todos que tendremos dilema; entraremos y saldremos de castillo que aportarán saberes y con ellos caminaremos por sendero de verdad, que nos llevarán a alcanzar la cima a la verdad.

Otra enseñanza: no debemos confundir necesidad con amor. Es necesario amar más a nuestros seres queridos y necesitarles menos, pero ¿si no me amo, cómo puedo amar a los demás?.

La verdad es amor. La ambición de nuestra mente nos dará cosas materiales, pero la del corazón traerá felicidad. Esa no compite ni hace daño a nadie. ¡Que la impaciencia no impida que nuestros seres amados puedan llegar a conocer nuestro verdadero yo!.

Toda persona quiere tener cosas bonitas, para alcanzarlas, debemos separar la necesidad de la codicia. Ambición del corazón implica quedarnos quietos, aceptar y apreciar lo obtenido, eso nos da salud y lleva a la felicidad.

La ambición mental, nos lleva a ir de un lugar a otro, intentando apoderarnos de todo. Nos da mal aspecto, desnutrición,  cansancio, estrés, nerviosismo…, nos hace cargar una armadura.

Y aunque a veces no sabemos o no podemos sin ayuda quitarnos la armadura, hay que desistir de ella; dejar de estar preparados para cada batalla que se presenta ante nuestra vista; a veces, es preciso ceder. Después de todo no podemos contentar a todo el mundo.

“Cuando la  armadura desaparece, estamos bien, porque además de nuestro dolor, podemos sentir el dolor ajeno”.

Es vital, admitir que aún hay muchas cosas que no sabemos; quizás por eso a veces nos sentimos perdidos, luchamos con nuestros dilemas; sentimos dolor, tristeza, desanimo; nos sentimos débiles, pero como dice esta obra, podemos estar perdidos por un tiempo, pero no durante toda la vida. Por eso, debemos detenernos y entender que no podemos correr y aprender a la vez.

Usamos armadura porque tenemos miedo. Ese susto nos impide tener  estabilidad.  Y cuando no vemos bien, podemos causar daños, pero cuando nos sensibilizamos, sentimos las vibraciones de los demás.

Es normal tener miedo de estar  o a estar solo; vencerlo, aceptarlo y entender el por qué, nos libera.

No nacemos con armadura, pero nosotros construimos  y nos ponemos una. A veces es nuestra mente la que nos atrapa en ella.
¿Por qué, si somos gente buena, generosa y amorosa, tenemos que demostrarlo?.

“Es necesario, tomar sorbos amargos para beber tragos agradables y delicioso. Esos sorbos se llaman vida y es deliciosa cuando aceptamos lo que estamos bebiendo”. Es difícil, pero podemos lograrlo.

Cuando no sabemos aceptar nuestro don con alegría, este se convierte en carga…., nos falta tanto por aprender. Y eso sencillamente es maravilloso. “Cuando el alumno está preparado, aparece el maestro”. Pero, si tenemos un corto y frío corazón, tendremos un largo y frío invierno, nos indica Fisher en sus relatos.

Por otro lado, “el tiempo transcurre con rapidez cuando nos encontramos y se hace eterno cuando esperamos que otras personas lo llenen”.

Es por eso que hoy nuestro compromiso no será hacer feliz a los reyes, o salvar a los demás, como damas y caballeros valientes que somos; será liberarnos de nuestra armadura de combate, para alcanzar felicidad; esa que obtenemos en el calor de un beso, la fragancia de una flor, el disfrute de una hermosa melodía. Al ofrecer nuestra amistad, no hay nada malo en ello.

Hoy vamos a cambiar la forma de vivir y pensar, si esta se ha convertido en armadura, y nos impide ver el sendero que transitamos. Un sendero que es estrecho y empinado; que requiere, tengamos coraje  para caminarlo, pero que lleva a la verdad.

El autor en su narración nos indica tres castillos que bloquearán nuestro camino a la verdad, pero que es obligatorio cruzar: Silencio; Conocimiento; Voluntad y Osadía. Y en cada uno tendremos que adquirir aprendizajes, para encontrar la salida al otro. Atravesándolos, llegaremos a la cuna de la montaña de la felicidad anhelada.

Escuchar el silencio es muy importante. Recuerdo al destacado abogado laboralista, don Pablo Nadal, extinto; quien hace 12 años en sus conferencias, recomendaba “entender los silencios en nuestras vidas”. Ayer esa exhortación era risible para mí, un grupo de compañeros y compañeras de labores; hoy es un legado.  

En el silencio podemos oírnos; oír nuestro verdadero yo. Al conocernos, podemos conocer a los demás, caminar hacia el castillo del conocimiento, como luz que alumbrará nuestro camino.

Escuchar a los demás; al viento; conversar con nosotros mismo; hacer soliloquio. Hablar con las plantas y los animales, no es locura, por el contrario, es salud mental. Y seguir escuchando la lluvia, como esta que cae en domingo; el agua que recorre nuestros ríos, como ese que quería visitar hoy…, eso sencillamente es vida.

“El Caballero de la Armadura Oxidada”, también, nos indica que: es necesario dejar aflorar en ocasiones, la tristeza; el dolor, y llorar, por la razón que sea. Como me siento en este momento, cuando al caer la noche, me informan la partida terrenal de Eduard Leger, periodista petromacorisano; amigo solidario; afectado hace mucho tiempo por una enfermedad catastrófica que mermo sus fuerzas.

Es necesario llorar, con lágrimas tibias y saladas. Llorar nos acerca a nosotros mismos. También lo es, dejar aflorar la soledad que vivimos, tenemos o sentimos, para hallar en ella aprendizajes enriquecedores y continuar en la búsqueda de verdad.

Lloremos también de alegría, para derretir la armadura que nos quitó tranquilidad; nos hizo impacientes y correr en todas las direcciones a la vez. Nos hizo exhibir acero.

En el sendero de la verdad, aprendemos a amarnos; ver las diferencias en nuestro interior. Aceptar en lugar de esperar. “La mayoría de la gente está atrapada en su armadura, porque pone barreras para protegerse de quien cree que es. Y es necesario ser lo suficientemente sabio para saber cuándo estamos atrapados; aprender de ello y salir”, dice nuestra citada obra.

“Es normal sentirnos deprimido cuando cargamos nuestra armadura, y no encontramos la puerta hacia el Sendero de la Verdad. Pero, las personas nunca acabamos nuestro viaje por ese camino y siempre encontramos nuevas puertas”.

Tendremos muchos dragones del miedo y la duda en nuestro camino; que verdes de envidia echaran llamas por boca, ojos y oídos. Entender que son una ilusión y bloquearlos, mediante nuestra voluntad y osadía, es el camino a seguir.

No nos dejemos llenar de estrés y miedo, más bien, dejémonos llevar de la vida, la fuerza, el universo o Dios; como le llamemos a esa energía en la que creemos. Dejémonos ir sin culpar a nadie de nuestros errores o desgracia. Reconozcamos que somos la causa, pero no el efecto.

¡No tengamos miedo!. Busquemos la calma y en vez de caer, subiremos a la cima de la montaña llamada felicidad. Pero para alcanzarla, debemos soltar todo: lo que sabemos y lo que poseemos. Así, la voluntad de abarcar lo desconocido nos liberará del dolor y el miedo. Obtendremos bienestar; sentiremos el universo; la calidez del sol y el atardecer. Nuestro corazón rebozará de amor por la vida; el mundo; nuestra gente y los animales.

¡Qué hoy una nueva y radiante luz irradie de nosotros, porque desde hoy seremos el arroyo, el sol, la luna. Seremos uno-a con el universo. Seremos amor!.

No olvidemos la frase inspiradora de  Wolfgang Sewald: “el amor es como el agua; quiere fluir y fluir. Es como el fuego; quiere arder y arder. Es como el aire; quiere respirar y respirar. Y es como la tierra; quiere crecer y crecer”. ¡Seamos amor!.

La autora es presidenta del Círculo de Periodistas de la Salud (CIPESA).

Es educadora, periodista, abogada y locutora.

 
Design by Wordpress Theme | Bloggerized by Free Blogger Templates | coupon codes