jueves, 26 de marzo de 2015

Perdonar es saludable hazlo y comparte la experiencia.

POR EMILIA SANTOS 


¿Qué medicamento podremos administrar a un corazón herido, enojado y lastimado?, ¿Cuál es la medicina para quien odia, busca venganza, envidia, maltrata?; ¿será el perdón?.  Estas son algunas  de las interrogantes que surgen cuando leemos “El Proyecto Perdón”, del escritor Michael  Barry.

El autor nos muestra las características de la enfermedad moral, esa que consiste en decir una cosa y hacer otra; que se evidencia en la falta de servir a los demás con amor, compasión, humidad y perdón.  Esa que también es aliada del odio y enojo reprimido;  emociones que enferman física,  socialmente y que sólo sana el perdón.
Agradezco al doctor Francisco Monegro, por donarme hace varios meses, esta importante obra, que me permitió identificar las enseñanzas de su autor, el doctor en Teología Michael Barry, director del Centro para el Tratamiento del Cáncer de Estados Unidos en Filadelfia, quien nos afirma que el rencor, el odio y la venganza, destruye la vida, mientras que el perdón nos hace mejor persona, capaces de vivir con felicidad, alejados del dolor.
Pero para aplicar este tratamiento y lograr que el medicamento perdón haga sus efectos, es necesario a mi entender que podamos conocernos mejor; identificar nuestras fortalezas y nuestras debilidades. 
Todas y todos en algún momento hemos sido lastimados y albergamos emociones mal sanas hacia quien nos hirió, pero eso sólo hizo más grande el dolor, porque no perdonamos al que nos causó el malestar. Debido que como dice Barry, la falta de perdón es un cáncer espiritual para el alma.
Sin lugar a equivoco, puedo afirmar que el perdón previene hasta la depresión y el suicidio, porque aporta sanidad y paz; éstas a juicio del citado autor, “son dádivas de Dios”.
El Proyecto Perdón, nos expresa que el ser humano se está devorando entre sí. La ira y el odio siguen destruyendo familias y comunidades, debido a que el dolor, enojo y sufrimiento no conoce límites y son comunes a personas de toda edad, raza y fe.
Sin embargo, mientras la falta de perdón trae desdicha e infelicidad, el perdón aporta grandes beneficios entre los que podemos citar la paz. Una paz que se demuestra en la humildad; escuchar mejor; entender las ideas de los demás, aun cuando estemos en desacuerdo, pues, no siempre las personas contrarias, están equivocadas.
Siempre recordaré aquel discurso agónico del doctor José Francisco Peña Gómez, líder político de gran trascendencia mundial “Yo amo a mi pueblo, a mi país, a lo largo de toda mi vida he pagado un alto precio por eso; he recibido ataques feroces, a veces frontales, a veces con veneno como ahora, pero yo los perdono, mis adversarios pueden contar conmigo…con mi perdón”. Una alocución de una persona inmensa.
Un gran ser humano, es capaz de perdonar. El perdón nos ayuda, a conseguir sanidad y libertad, quiero que ser muy enfática en esto. Para Barry, entre el perdón y el sistema inmunológico hay una relación estrecha y a ella atribuye su poder curativo.
Exhorta perdonar a las personas que nos lastimaron, incluso a las tóxicas, pero alejarnos de estas, ya que no es necesaria una relación con ella, debido a su veneno y sustancia nociva.
Es imperioso vivir con sanidad emocional y espiritual. ¡Busquemos en nuestro interior la capacidad de perdonar y vivamos en libertad!
Es preciso apartar el dolor de nuestro corazón. Necesitamos una “remisión espontánea”,  como dicen los médicos cuando desaparece de un cuerpo un tumor maligno, sin razón aparente para ellos, por lo que lo llaman “un milagro”.
Asimismo, necesitamos que desaparezca el enojo y la falta de perdón hacia quienes nos lastimaron, sea esta persona familiar o no; pareja; compañero de labores; empleadores o dependientes laborales; amistades, en fin, cualquier persona.
Para que el perdón sea posible, debemos apartar  a juicio de Santo Tomás de Aquino, los pecados capitales: el orgullo o soberbia, avaricia, lujuria, pereza, glotonería, envidia e ira, ellos nos hacen creernos superiores. Nos llevan a querer de manera malsana lo que no nos pertenece.
 ¡Vive la experiencia del perdón. La ira y el odio afectan la salud de quien los vive. Transforma tu corazón. Oremos y escuchemos nuestro Dios, él nos ayudará a que mediante el perdón liberemos la carga que enferma el cuerpo de quien la posee!
El camino conlleva un proceso arduo y hasta difícil, pero sanador; liberador, si lo hace con conciencia, porque ¡el perdón da libertad!. Créeme ya lo he vivido y estoy presta de ser posible a repetirlo.
Decídete hoy, no te resistas a la necesidad de perdonar; es un paso importante que tu salud física y mental merece. ¡Necesitas vivir en paz y bienestar!
La autora es educadora, periodista y abogada.

 
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