sábado, 27 de diciembre de 2014

MUJERCITA


POR FERNANDO DE CARRIZAL 




Tenía quince años y no sabía leer ni escribir, desde los diez, ya se sacaba y pintaba las cejas, se pintaba los labios de un rojo carmesí y se ponía rímel en las pestañas largas y oscuras, que sellaban por las noches sus grandes ojos. Se lavaba su pelo negro y largo, luego se lo secaba y se hacía un moño español. Se pintaba las uñas de los pies y de las manos, con colores brillantes y matizados. Le gustaba cantar en el baño, donde acostumbraba a tardar mucho tiempo, con la regadera sobre su cabeza, dejando, que bajara el agua en forma de burbujas, como una cascada de aguas limpias y cristalinas, descendiendo en primavera de una montaña de pinos, con las sinuosidades propias de la naturaleza.

Carmen, según dicen los que la conocieron, que cuando iba a cumplir sus doce años, ya había tenido su primer novio y que se peleaba con su madre, cuando esta le decía, que estaba muy niña para tener amores. Su madre Josefa Antonia Pérez, le decía frecuentemente, Carmencita mi hija, de por Dios, ¿es que tu no vas a ir a la escuela, aunque sea a aprender a leer y escribir?, ay mama, yo no voy para la escuela, mire, por aquí, fue a la escuela José mi hermano y no aprendió nada, Pedro el vecino y no aprendió nada y hoy son los que más cuartos tienen en el barrio, en cambio, Darío el de Antonio, es médico y ni si quiera trabaja, Luisa la de Luis, es abogada y no tiene nada, Héctor Miguel, el hijo de Juan, es profesor y no tiene nada y lo que no estudiaron, son los dueños de los cuartos, los carros, las casas y son los que más tienen amigos, entonces, para que usted me dice que vaya a la escuela, Josefa un poco confundida, le dice, si, así es, pero ellos son pescadores  y otros son profesionales , Carmen le riposta, no mama, todo el mundo sabe que lo que tienen dinero, no es de los peces que venden, ni de la profesión que tienen, sino de las pacas y yo aspiro a encontrarme una, así es que déjeme eso de que yo vaya para la escuela, yo me casare con un pescador y algún día nos encontraremos un par de pacas y ya.

Así fue pasando el tiempo y Carmen se había desarrollado exuberantemente, se había hecho una mujer muy hermosa, alta, apuesta, de inteligencia innata, mirada y sonrisa alegre, todos querían cortejarla, pero ella tenía su mirada en un pescador, que se decía que tenía mucha suerte, para encontrarse objetos arrastrados por las corrientes marinas.


Pedro el colmadero, quien además era pescador, que con el dinero obtenido de la pesca de las pacas, había puesto un colmadón en el barrio y todas las muchachas lo miraban. Era soltero, aunque tenía una prometida, que tenía un año que se había ido a vivir para Italia, aun así, Pedro se enamoró de Carmen y comenzaron a salir a escondida muy pronto.

Carmen conocía todos los métodos para evitar tener hijos, su madre y sus amigas mayores que ella se los habían explicado todos, así que comenzó a planificarse, porque aún se sentía muy joven para tener hijos y decía frecuentemente, según sus amigas, María y Paula, que primero iba a gozar su vida y que después tendría los hijos, pero no fue así, en una ocasión que salieron Carmen y Pedro y tuvieron relaciones sexuales, la fiesta, las bebidas y la excitación, no le permitieron a esta hermosa niña recordar, que se le había olvidado tomarse la pastilla anticonceptiva por varios días.

Pedro tampoco, uso preservativos, nunca los usaba, pues decía que no se sentía igual, cuando usaba esa cosa. Carmen, que no sabía mucho de menstruación, había tenido su menarquía un poco tarde, a los catorce años, lo mismo que su madre, no llevaba la fechas de las menstruaciones, mucho menos iba a saber calcular la fecha probable de la ovulación, es así, que, un domingo dieciséis de julio, día de la virgen del Carmen y día de su cumpleaños, sale con su novio sin ningún tipo de precaución.

Su madre, que aún no había llegado a los cuarenta años, había observado, que siempre que estaba menstruando, su hija le pedía dinero para comprar toalla sanitaria, es así, que la madre sin decírselo, le lleva un control de sus fechas menstruales, que las dos tenían el mismo ciclo ovárico.

Dos meses después, del dieciséis de julio, o sea en el mes de septiembre, Josefa ve a Carmencita, como ella acostumbraba a llamarla, un poco triste y preocupada, no quiere comer, solo quiere dormir y está un poco malhumorada. Su madre que había tenido varios embarazos, pero que solo parió dos, a Carmen y a su hermano José, los demás embarazos, un total de cuatro, se habían ido por los sanitarios, abortados a temprana edad, después de haber tomado brebajes y pastillas abortivas, que según contaban sus amigas, las conseguía en un  mercado Haitiano de la frontera. Con toda esta experiencia, Josefa no tardo en preguntarle a su hija, Carmencita, mi amor, ¿qué es lo que te pasa?, nada mama, yo estoy bien, contesta Carmen, no creo que lo estés, dice Josefa, mira como estas con la cara pálida, no quieres comer y solo quiere dormir, ¿dime que es lo que ocurre?, además, yo no te lo he dicho, pero he observado que, todos meses, cuando yo tengo la menstruación, tú me pides dinero, para tus toallas sanitaria y hace dos meses, no me pides nada.

Carmen se queda callada por un rato, luego le salen dos lágrimas de esos ojos grandes y hermosos, esta vez sin rímel, ni cejas sacadas ni pintadas, el cabello un poco descuidado y un moño español con la cinta floja, por haber sido hecho dos semanas atrás, las uñas con un esmalte descascarado, separó de la cama y dijo: bueno mami, te voy a decir la verdad, ¡¡¡¡Creo que estoy embarazada!!!!No me digas eso, ese hombre, que creo es tu novio, está comprometido para casarse con esa muchacha que está en Italia, que es hija de Manuel,ah, ¿usted dice con manuelita?,si, esa es su novia, si, dice Carmen, a mí,  me lo habían dicho, yo le pregunté y él me dijo que no, que eso era la gente hablando,no hija, no sea tonta, ese hombre está muy enamorado de esa mujer y lo veras, cuando ella venga, no te harás caso.

Esa conversación de la madre con Carmen, la sumerge aúnmás en su estado de depresión, ese día comió menos que el anterior, pero no durmió mucho como lo hacía, estaba pensando que hacer ahora, se animó y se dijo así misma, ahora mismo voy a hablar con Pedro, le diré que estoy embarazada y que nos tenemos que casar, saco fuerzas de donde no tenia y entro en el baño, esta vez no canto como acostumbraba, mientras se bañaba, tampoco duro el tiempo que solía durar, salió del baño, se secó el agua, se puso un jean, una blusa, no se peinó, no se maquillo y mucho menos pintarse las uña, la Carmen hermosa, alegre y bien cuidada, los cambios hormonales y la desesperanza, la habían cambiado.

Caminó una esquina y llego hasta el colmadón, donde estaba Pedro atendiendo algunos clientes, saludó decentemente y luego pidió permiso para hablarle, Pedro por favor, ¿me puedes dar un minuto?Oh, si mi amor, con mucho gusto……..es que te quiero decir una cosa, pero es que me da vergüenza,como así, que es lo que te ocurre, anda desembucha, que tengo clientes a quien atender, Carmen viendo la hostilidad y que ya estaba cambiando,  es que, como te digo, es que, tu sabes?, pero anda acaba de decirme, dice Pedro ya incomodo, bueno okey, te digo es que no he visto mi menstruación, desde Julio, y amí nunca me había pasado eso  y tú sabes que ya mi mama lo sabe y siento mucha presión y estoy desesperada,na’ y qué? Dice Pedro, no tú dices así, pero tú sabes cómo es la gente, ahorita mi madre se lo dicea Juana su amiga y Juana riega todo lo que sabe, así es que, mira a ver, qué vamos hacer,na’, que vamos hacer na’, si tú quieres pare el muchacho o lo abortas,pero tu ta’ loco, dice Carmen llorando, es que tú no has escuchado los debates por esa emisora de la capital que se llama LA “Z-101”, sobre el código penal y el tema del aborto, que meten preso, a quien ayuda para que se haga eso, a la que se lo hace y al que lo hace, estamos en un problema grave,estamos?, estástú!, yo estoy esperando, que venga mi novia de Italia para casarme, así que yo lo que puedo hacer es mantenerlo después que nazca si es mío, porque le haré una prueba de ADN, y solo después de la comprobación, lo mantendré y si tú quieres, yo te doy dinero para que te lo saques, sentenció Pedro.

Carmen salió rajada en llanto de aquel lugar, corriendo volvió donde su madre y le contó, su mal rato con su novio y esta entonces, aplicó toda su experiencia pasada, de sus cuatro embarazos fallidos y fue con su amiga Juana y le aplicaron a Carmen el mismo brebaje, que ella acostumbraba a tomar, cuando se embarazaba y quería abortar, su amiga fue diligente y aprovecho el día del mercado binacional, compró las mismas pastillas abortivas que le compraba  Josefa a la madre de Carmen, para la misma causa. Dos días después, Carmen estaba con un fuerte dolor en bajo vientre, un sangrado transvaginal importante, muy pálida y casi en shock.

Josefa y su amiga Juana, llamaron un moto concho, montaron como se pudo a Carmen y la llevaron al Hospital, en la emergencia, el médico de servicio la recibe y rápidamente reconoce la gravedad del problema y pregunta, que es lo que le pasa a esa joven? Juana, la amiga se adelanta y le dice al médico, es que está sangrando mucho por su parte, el médicooye esto y la ve muy pálida y llama a la enfermera, Ángela!Angela!, corre, ponle una solución de ringer lactato o un harlac, con un catéter dieciocho y pónselo a chorro, la enfermera con toda su experiencia y conocimiento, acata y ejecuta rápidamente la orden del médico, quien completa el examen, después de una rápida anamnesis y determina que el diagnóstico es “aborto incompleto”.

Ángela, enfermera veterana, le pregunta al médico, Dr., le preparo la sala? y este dice, si prepárala, por si el obstetra, que ya lo llamé, decide hacer el legrado,¿cómo así, a ver si decide?, sino le hacen ese legrado rápido, para detener esa hemorragia, morirá, sentencio Ángela con casi cuarenta años en el ejercicio de la enfermería, no, es que ya no es como antes, si yo hago ese legrado, como estábamos acostumbrados antes, de nada mañana, me están ustedes visitando en la mazmorra y yo estoy muy viejo, tengo treinta años en ejercicio, así es que mejor solicito mi pensión y dejo esta vaina, dijo Luis, medico de mucha experiencia respetado por en buen ejercicio y servicio que ha dado a la sociedad.

Quince minutos después llegó el Dr. Zacarías Pérez, obstetra de servicio, rápidamente el Dr. Luis Cuevas le presento el caso, corroboró el diagnostico, y dijo: no haré el legrado hemostático, sino tengo una orden de un funcionario judicial competente, porque  no voy arriesgar el futuro y buen nombre de mi familia. Eran las doce de la noche y estos servicios judiciales en estos pueblos del interior, no son permanentes, el obstetra, respiro profundo y dijo, creo que de ahora en  adelante, me voy a dedicar a la agricultura, no voy a seguir colocándome, entre la espada y la pared, pues el deber me llama y el código me persigue.

El Dr. Zacarías Pérez, todavía con un poco de duda dijo: pregúntale al anestesiólogo, para escuchar su opinión. Ángela le pregunta al Dr. Hilario Matos, ¿Dr. Usted le daría la anestesia a este caso?, Hilario no titubeó, en decir:yo no me atrevo, pero si él la mete en sala yo le doy la anestesia, ano,así no, si él lo hace sí, pero si no, no, dijo Zacarías.

Mientras el tiempo se iba, a Carmen se le iba la vida y se le fue a las cinco de la mañana del día siguiente del inicio del sangrado, y se convertía en un número más, de la estadística de la tasa de mortalidad materna, de la República Dominicana.

El sentimiento de culpa se sentía entre médicos y paramédicos del Hospital, se escuchaban frases de frustración, “debí haber hecho el legrado, aunque callera preso”, decía el Dr. Zacarías Pérez, lo mismo que Ángela Ramírez, “porque no se le pudo hacer la limpieza, si ese era el único tratamiento, que podía salvarle la vida a esa niña”. El Dr. Hilario Matos, que era inmutable, impávido e imperturbable, acotó, “no se estén ustedes, echando la culpa, esa muerte no es culpa nuestra, esa muerte es culpa de una sociedad irresponsable, esa muerte es culpa de los reductos de los dogmas religiosos, que aun arrastramos desde la edad media, esa muerte es culpa, de tantos Pilatos, que aún nos quedan en el país, ocupando las posiciones, desde donde se deben  tomar las decisiones, esa muerte es culpa, de  aquellos que elegimos, para que nos representen y defiendan y no lo hacen, y se entregan en brazos de los poderosos, en fin esa muerte es culpa del sistema”

En el pueblo y en el velorio, los vecinos culpaban a todos, unos a los médicos y enfermeras, otros a la religión y otros a los que hacen los códigos, las acusaciones, estaban compartidas, al caer la tarde ya en el ocaso, se echaba la última pala de tierra a la tumba de Carmen Pérez, quien murió en su primavera. Hoy yace en una tumba gris y polvorienta, sin velón y sin flores de las tantas que llenan los campos santos de las provincias apartadas  y olvidadas del País.


 
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