lunes, 14 de abril de 2014

Abjuración política o auto de fe moderno.

 POR FERNANDO DE CARRIZAL 


El auto de fe, era un acto público organizado por la Inquisición española en el que los condenados por el tribunal abjuraban de sus pecados y mostraban su arrepentimiento, lo que hacía posible su reconciliación con la Iglesia Católica.

Históricamente los gobernantes y partidos políticos han hecho su auto de fe, con todos aquellos de poco carácter, que han preferido arrodillarse antes que morir de pies. Siempre han tenido algunas formas de mantenerse husmeando en el interior de las sociedades que les ha tocado dirigir, para enterarse quien padece de mareos políticos.
Es así que surgen las intrigas del Vaticano en cada papado, las intrigas de las cortes reales y las intrigas de los palacios gubernamentales. Estas últimas se manifiesta con mayor fuerza en los pueblos tercermundista, permeando toda la sociedad, llegando a ser tan intensa, que para ser nombrado en un puesto de conserje en el gobierno debe presentar la carta de afiliación del  partido gobernante y tener la bendición de los dirigentes del comité intermedio o de base.
Estos inquisidores modernos, han venido evolucionando desde los compadres de los gobiernos del generalato, pasando por los amigos de Lilís, los calieces de Trujillo, hasta los compañeritos de hoy.
Através de estas células barriales o nuevos inquisidores, los dirigentes municipales de los partidos políticos se mantienen informados de la simpatía política de cada persona de su zona, así como también los cambios de simpatía o los disgustados políticos. Esto en realidad lo que hacen es,  abrir  una brecha para poder ser abordados por la alta dirección Municipal o Provincial del partido gobernante y llegar al gobierno de esta maneara.
Se montan grandes Show, pregonados anticipadamente para poder armar el escenario con tarima para los dirigentes, bancos para los abjurados y gradas para el gran público que va a presenciar el auto de fe, el cual termina con los discursos de reafirmación política, que equivaldría a reafirmación de la fe y la colocación de la gorra o cachucha, con los símbolos del partido gobernante, como si se tratara de un moderno san Benito y con esto la abjuración política, que reafirma su adhesión y lealtad política “ para siempre”, a su nueva organización, como si se tratara de un moderno auto de fe.

 
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